LA TRADICIÓN HEBREA

Luc Benoist


El Islamismo ocupa un extenso espacio en el Extremo Oriente, pero el Islam, el Cristianismo y el Judaísmo han surgido los tres de la Tradición de Abraham. Aquí nos es necesario comenzar por la forma más antigua, que es el Judaísmo.

La Tradición esotérica de los hebreos se denomina la Kábala, palabra que significa sencillamente Tradición. La Kábala es la revelación que Moisés recibió a la par que la ley escrita y que explica el sentido profundo de la Torá. Como ella, tiene por base el significado de las letras hebreas, que sirven al mismo tiempo de cifras, la Kábala es un esoterismo judío y no puede aplicarse legítimamente a otra lengua que al hebreo, incluso por parte de los cristianos. Ciertamente ninguna Tradición es más exclusiva, ni ningún esoterismo más secreto. Los cabalistas han formado siempre un pequeño grupo escasamente deseoso de extender sus conocimientos. Sus escritos no son pocos, sino por el contrario numerosos. Los más conocidos son el Sepher Yetsirah o Libro de la Formación y el Sepher Ha-Zohar o Libro del esplendor (se sobreentiende divino). El Zohar escrito en arameo tardío mezclado de hebreo y de palabras extranjeras deformadas, se presenta como un libre comentario del Pentateuco, del que la parte relativa al Génesis ocupa casi la mitad. El comentario esotérico usa tres métodos de mutaciones: la Gematría, la Notarikon y la Temurah.

La Gematría utiliza el valor numérico de las letras, que sirven ordinariamente para el cálculo. El Notarikon emplea las letras iniciales, medias y finales de una palabra nueva. La Temurah aplica los dos métodos precitados a la mutación y combinación de las letras. EI Zohar, además de este comentario, contiene dieciocho tratados menores teosóficos que presentan a un célebre rabino del siglo II, Simón bar Yochaï, que dice las palabras del texto. El objeto del cabalista como el de todo iniciado es el retorno a Dios. Y dado que el camino de retorno debe realizarse en sentido inverso al proceso de la creación, es comprensible por qué el Génesis ocupa el mayor lugar de estas meditaciones. La creación es considerada corno el desarrollo exterior de las energías divinas que se expresan por el Verbo, La creación surge de la nada o mejor del vacío (Tohou), que es incomprensible, pues se trata de lo no-manifestado. El Verbo impone su orden al caos, por eso creación y conocimiento constituyen dos aspectos equivalentes de la manifestación Es el pensamiento divino el que se manifiesta como dios o Elohim (ser) del que emana el sonido (o Verbo) que hace brotar la luz del punto central y primordial como lo dice el Sepher Yetsirah. El universo se desarrolla en las seis direcciones del espacio, a partir del punto oculto en el misterio del Palacio Interior. Este punto es el centro del mundo y el centro de los tiempos. El Zohar, como el Talmud, divide la duración del mundo en periodos milenarios de seis mil años, los cuales se encuentran prefigurados en los seis días del Génesis. El séptimo día es el del Sábado y de retorno al Principio. Para expresar las diversas etapas del conocimiento y los grados de la restitución al estado primordial, la Cábala utiliza un complejo conjunto de símbolos basados en la Letra del Nombre Divino, del que los Sephiroth, a veces denominados Palacios, son sus aspectos.

La Gloria de Dios es representada por un Trono (del que habla Ezequiel) oculto por el velo cósmico de las existencias y acciones humanas (lo que lo asimila a la mâyâ). Para llegar al Trono es necesario atravesar siete Palacios, o mejor, siete salas del Palacio Santo, que están en relación con los Grados de perfección. Este Santo Palacio, según el Sepher Yetsirah, se identifica con el centro del mundo, lugar de la manifestación de la Shekinah, que es la síntesis de los Sephiroth o atributos divinos.


Moisés de León declara que el Santo sólo puede ser comprendido en sus atributos por los que ha creado el mundo. El misterio del punto original está oculto en el éter incomprensible, en donde se produce la concentración primera, de donde emana la luz que da su realidad a la extensión. La luz (Aor) brota del misterio del éter (Avir). El punto oculto manifestado está representado por la letra (yôd) que simboliza al Principio. De ella se han formado las demás letras. Cuando se produjo yôd, lo que quedó del misterio fue la luz. Esto, por otra parte, es un hermoso ejemplo de Kabalismo, puesto que se la puede traducir por la ecuación: av(i)r - i =aor

La cábala distingue cuatro mundos dominados por el En-Soph, o infinito, que está más allá del último, el de la Emanación (atsilouth). Después vienen el mundo de la Creación (bria), el mundo de la Formación (yetsirah) y finalmente el mundo de los cuerpos o de la acción (assia). Todos éstos están integrados en Atsilouth. El Sepher Yetsirah explica la creación del mundo con la ayuda de 32 vías que son los 10 Sephiroth y las 22 letras. Las letras corresponden, además, a las 22 relaciones posibles que se pueden establecer entre los 10 Sephiroth. Estos Sephiroth, cuyo nombre evoca la idea de numeración, representan a los Nombres Divinos, las energías y los atributos que son también las esferas de acción divina. El Zohar las llama las “profundidades del Intelecto”. Ellas constituyen, en una palabra, las determinaciones principales y las causas eternas de las cosas creadas, que corresponden a los Nombres Divinos del Islam y a las energías increadas de la ortodoxia.

Estos Sephiroth son tradicionalmente simbolizados como un árbol de tres ramas o como tres columnas “talladas en el éter incomprensible”. A menudo este árbol se representa invertido, con sus raíces tomando la savia del cielo y con ayuda de las ramas inclinadas sobre la tierra extendiéndola sobre ella, a manera de un rocío celestial. La columna de la derecha es la de la Misericordia y la Gracia, la de la izquierda, la del Rigor y la Justicia. La columna central, la del equilibrio, reúne verticalmente a los cuatro Sephiroth principales: la Corona, la Armonía (o Belleza), el Fundamento y el Reino. Esta columna central puede ser relacionada con el árbol colocado en la mitad del Edén, eje del mundo en tomo al cual se cumple la revolución cósmica. La correspondencia del microcosmos y del macrocosmos ha permitido que cada Sephirah se corresponda con una parte del cuerpo del Adam Kadmon y por consiguiente con el cuerpo del hombre.

La unión con la divinidad (devekuth) es el fin supremo de los cabalistas. Exige una técnica que pasa por la visión en el espejo, el rostro exterior y el interior, la intuición, el amor y el éxtasis. En los textos no resulta extraño que una vez llegados al modo operatorio, uno se tropiece con fórmulas de este tipo: “El resto no debe ser puesto entre todas las manos”, constituyendo a este resto las reglas técnicas de los ritos preparatorios para la unión. Cuando la oración constituye el fundamento del método, se llama “el Camino de los Nombres”, como lo dice Abulafia. Para llegar a una extinción de lo mental, Abulafia combina las letras de una con la otra de una forma voluntariamente ilógica y llega a eliminar todo razonamiento discursivo. Él mismo cuenta que logró en una noche entera combinar los sesenta y dos nombres divinos hasta conseguir una completa purificación mental.
Esta progresión hacia el Trono divino se preparaba, por largos años de meditación y estudios, seguidos de ayunos de doce a cuarenta días. Las plegarias eran recitadas en posiciones que debían corresponder a las formas de las letras y la técnica de la respiración desempeñaba allí un gran papel. De esta manera el alma podía pretender atravesar los siete Palacios que corresponden a los siete cielos tradicionales. En cada etapa, era roto un sello, o lazo, y el iniciado llegaba a la séptima estación, la del Adam Kadmon, delante de la luz de la Gloria.

Agreguemos que a menudo el hebreo ha sido considerado como la lengua sagrada de la Tradición cristiana y que la Kábala ha estado presente en una parte del esoterismo cristiano, como lo prueba la existencia de cabalistas entre los Padres Griegos.
 


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